jueves, 9 de marzo de 2017 | By: Canalla amateur

Ítaca


Anochece en el exterior mientras tras nuestra puerta resurge un nuevo amanecer. Espoleado por una oportuna musa de piel alba y cabello fino que acude a la herida me encuentro frente a ella sabiendo qué hacer. Tira de mis riendas y me azuza al tiempo. Como si me quisiera frenado y desbocado a la sazón. Consigue que mis ollares rezumen de anticipación y que mis costados sangren. El cuero se torna rojo de tanto morderlo y, de tal modo, ris ras, acaba llegando al núcleo blandito que yacía cubierto bajo el peso de cien errores y rendiciones.

Cubriéndonos bajo las sábanas de la tormenta que es el sentido común nos fundimos como tantas otras veces. Nos entregamos sin reservas en cuerpo, sangre, alma y sentimiento. De buena lid. Triunfal como tan pocas veces la había visto me aferra como si temiese que me fuese de nuevo. Si consiguiese articular palabra al amparo de su mirada de ascua y cristal le diría que, si bien me fui de cuerpo, siempre estuve de mente. Hasta cuando creí no estarlo. Que siempre quise volver a mi Ítaca atado al mástil del navío sacudido por las olas del qué pudo ser. Que la tuve dibujada bajo los párpados cada vez que me vencía el sueño.

Ahora que yazco en su abrazo no puedo menos que sentir que todo lo que mi cuerpo esconde, mi alma lo chilla a garganta sangrante. Ahora que sé que todo sigue en su sitio tras mi partida, que es tan bueno como siempre imaginé, pongo pie en tierra. Titubeante tras tantos años en alta mar mis piernas tiemblan desacostumbradas a la firmeza de un suelo que no cimbrea bajo la acometida del oleaje. Aún con todo, hurto el espacio que nos separa hasta llegar a su piel. Y planto la bandera decretando así, por derecho de conquista, la anulación a efecto inmediato de los malos presagios. De las desconfianzas y los miedos vacíos. De los quizás y los mejor no. Sabiendo lo que ahora sé, siendo el hombre que ahora soy, teniendo ambos la sed que tenemos, dejo de lado mi capacidad para las pausas y la paciencia. Hemos vuelto.


lunes, 7 de noviembre de 2016 | By: Canalla amateur

Impaciencia, la rabadilla de Winnie y arrocerías del sultán (Vol. I)

Canallas y canallos, ¿qué marcha me lleváis en este lunes soleado que nos brinda la vida? Regreso a vosotros en estas horas de zozobra con los brazos cargados de buena mierda y droga dura para mis canallas. Y es que sinceramente mi ausencia no se ha debido a más que a la inexistencia de cualquier anécdota reseñable y las que sí lo eran no se podían contar. Así que... Total. Que he vuelto tras sobrevivir a duras penas a un fin de semana que casi me colapsa la mente en todo cuanto tenía por sagrado. Poneos el casco y rodead mis inexistentes abdominales con vuestros brazos. Vienen curvas.

El miércoles me llegan los horarios de la discoteca. A mi compañero de trinchera y a mí nos han cambiado de barra el sábado. ¿Por qué? No me variéis cosas que me cabreo. "Es que hay una fiesta especial y habrá faena arriba" Oh. Vale. El caso es que primero toca servicio en el restaurante. Oye, que todas estas mesas hasta donde alcanza tu vista están reservadas. ¿Y éstas? Éstas también. Un completito de esos buenos que te comes sin vino para empujarlo y me toca a mí en sala. Llaman al teléfono. Camarero sexy al aparato. Dímelo dulce. "¿Tenéis mesa para cinco?" Pues mira, reina, no. Hasta el regazo lo tengo reservado. En terraza tengo mesa. "Ah.. me parece bien" Quedaos con ese detalle

El caso es que empieza el servicio y me toca una mesa que es el epítome del tocamiento de cojones supremo. Cuando no era una servilleta era un salero y, cuando no, un poquito más de pan. Amén de que bebían como un regimiento de cosacos recién llegados del desierto. Una señora se empapuzó el morramen con la friolera de nueve copas de vino godello que entraba como si fuese agua. ¿No le renta más que le traiga una botella con una tetina de biberón, reina mora? Llega la de la reserva terracil. Con mucho aparato de joyas y perfumes que parece que se ha untado en pegamento y se ha tirado en plancha sobre un outlet de chalet. Para completar la paraeta estaba su repeinado marido a su vera escoltándola con mucha flema sin abrir la boca. Oye, es que llueve. ¿No tenéis mesa dentro? Bueno, ya le dije que no. Pero le prometo que cuando se libere una mesa es suya. Bien, pues esperaremos en barra. Eso. Tira p'allá.

Al cabo estoy abriendo una botella de vino en una mesa y os juro así me caiga un relámpago en los pezones que noto un Tic, tic en el hombro y una baharada de olor como a polvo de talco y pachuli. "Oye, ¿hay mesa libre ya?" Me paso la mano por la frente perlada de gotas de sudor como puños y se la froto contra la boca. ¿No ve que no? Es que nos vamos a quedar sin cenar. Ha estado esperando diez minutos de reloj... Además permita que le recuerde que hace escasos minutos le he dicho que no había mesas. ¿Eh? ¿Lo recuerda? ¿Puede dejar de tocarme los espermarios aunque sea por cinco minutos? En cuanto se quede una mesa libre le aviso. Le juro por mis futuros hijos que le tengo en mente. No hago otra cosa que pensar en usted. Diga en barra que le invito a un chupito de cianuro.

Guerreamos con pundonor y empuje. Arrollando a los clientes con nuestro saber hacer y gracejo naturales. Una familia de guirufos piden la cuenta tras empotrarse entre pecho y espalda un atún rojo tamaño casa. Did yu enyoy your dinnah? La hija que era una inglesilla pecosa sonriente y más bonica que un sol de marzo se rebulle en el asiento complacida por el festín. "It was lovely, thank you" Tú sí que eres lofli, petit suis. Arranco el ticket del datáfono y... Tic tic. "¿Estos se van ya? ¿Es la mesa que nos vas a dar?" La señorona de la terraza. Y los ingleses mirándonos con cara de pan crudo. What?

 Señora... Es que no me puedo creer lo que está haciendo. ¿Acaba de bajar de una patera en pleno estrecho y no come caliente desde que Franco era cabo? Es que os juro que el margen de espera fue de veinte minutos. A ver si os pensáis que la tenía criando telarañas en la barra mientras reía maléficamente y le arrojaba cacaos pelados. Que la cabrona sabía desde las siete de la tarde que estaba reservado hasta el almacén y que no. Que somos el último restaurante de valencia. Por su santo coño porío que comía ahí esa noche. Construyo la sonrisa más forzada que he esbozado jamás y consigo mascullar: "Sí." Oigh. Qué bien. Espera, que llamo a mi marido. El tal marido estaba en barra con cara de cornudo puteado con sus patillas rizadas y uno de esos chalequitos acolchados que no te permiten llevar a no ser que te llames Borja o Andrés. Mientras ella taconeaba el trecho que le separaba de su Borjamari y espesaba el aire con la nube de perfume almizcleño que le precedía yo sólo podía pensar: "Esto no está pagao"

A la una cojo mis trastos y me voy a concluir ese maldito sábado a la discoteca. Dejo la mochila y me meto en barra. ¿Qué pasa, man? Mi compañero está con una cara de vinagre de módena que no se la aguanta. "Mira a tu alrededor" ¿Qué? No noto nada ra... Oh.... Oh no. Los pelos del baño, el olor a brummel y gel Magno... Era una fiesta privada de osos.

To lo güeno continúa en el Vol. II.

Impaciencia, la rabadilla de Winnie y arrocerías del sultán (Vol. II)

El olor a tabaco rubio, café, brillantina y viaje largo hace que nos escuezan las fosas nasales. Hay tantos osos que apenas puedo ver. Un cartel luminoso grita al mundo entero que allí hay carne fresca con el texto El bosque de Hank "¡¡Vicente, un oso a tus diez!!" Apunto con mi abridor y lo abato tembloroso mientras se lleva su whiskey cola a la pista. Lady Gaga me grita al oído no sé qué hostia de una Perfect Illusion. Un señor posa sus rollizos brazos en la barra dejando reposar gentilmente sus dos tetazas al viento. "Uh..." murmura saboreando el inminente bocado. ¿Qué te pongo? "Un gin tonic contigo dentro, niño."

Su sonrisa torva no deja lugar a equívoco. Quería que le diera calor a su polluelo. Quería montar la fiesta de la espuma al final de mi espalda. Quería mi carne, mi magro blandito e imberbe. El DJ se me acerca. ¿Qué se siente cuando un hombre que podía ser tu padre te tira los trastos? Pues malamente.

Empieza a caer la noche sobre nosotros y cada vez hay menos ropa a la vista. El skyline de la pista se convierte en un maremagnum de pezones como lonchas de mortadela y espaldas de espeso pelaje que podrían alfombrar media estepa. Y Winnieh de Pooh nos mintió a todos. Los osos no se pirran por la miel. Se pirran por la cerveza heineken. Es su néctar y lo engullen sin mesura dejando al azar sus inhibiciones y su pudor. Y es que cuando no sales de fiesta desde que Nuria Roca hacía Waku waku es normal que salgas disparando a troche y moche con pólvora ahorrada.

El bosque de Hank se va apagando y comienzan a abotonarse sus prietas camisas floreadas. Palmeándose fuertemente las mullidas espaldas unos a otros vuelven a sus vidas mientras yo sólo puedo pensar en la ducha que me iba a dar con un cepillo de carpintero. Pero hasta ahí iba a durar mi descanso porque había quedado con el Nórdico para visitar al Petrofílico allí por su masía. Curiosamente en el coche me siento fresco. Bromeo con el Nórdico y bailo dudosamente la lista de reproducción cañera que nos acompañó todo el trayecto ignorando que llevaba trabajando doce horas y despierto más de veinticuatro.

Acabamos en una arrocería a pie de playa que, según asegura el Petro, está para llorar. Nos advierte que los precios son para llorar todavía más. Pero os juro que después de pasarme dos años pidiendo prestado hasta para un café no estoy yo para negarme caprichos y mucho menos para hacerlo cuando aún llevo el olor acre del Bosque de Hank pegado en la piel. Así que a mamarla. Camarero, traiga vino. Nos saca las cartas y empezamos a goler. Joder, quince euros una ración de calamares. ¿Qué coño eran? ¿Calamares famosos? El Petro recomienda el meloso de bogavante y habida cuenta que es un gourment de alto copete me inclino a fiarme de su juicio.  Vaya, dieciocho euros. No está nada mal. "No, Balaguer." dice el Petro ya acostumbrado a mi mentalidad de homeless "Por persona"

Oh. Empiezo a hacer cábalas para el resto del mes. Si desde el día quince desayuno cascabullos del campo y ceno motas de polvo puedo compensar la comida de hoy. Eso sí. Se me pasa todo el disgusto cuando veo aquella paella donde podría haberme zambullido en pelota picada sin ningún reparo. Entre los tres nos jodemos aquel despliegue de medios desabrochándonos una media de dos botones del pantalón por minuto. ¿Querrán postre? Claro que sí, buen señor. Ya nos iremos de vacaciones otro año. Tarta de bourbon, café y crema de queso. Una cuñita de pastel sobre un plato enorme se ríe de nosotros y nuestra precariedad. Mirad, si tiene granos de café en plan trampantojo. Qué cuqui. Los tres a la vez como si nos hubieran dado libre en el Cotolengo nos partimos una muela intentando comernos aquellos granos que resultaron ser de verdad. No se nos puede sacar de casa.

La modorra me acomete como un choque de trenes mientras la paella hace lo suyo en mi estómago y caigo en el coche del Nórdico como un saco de pienso. Me pego una ducha rápida y me encamino a casa de Tara donde nos prometimos homenajearnos con una cena respetando tan bella tradición de reencontrarnos tras los ajetreados fines de semana. Mientras damos cuenta de una pizza con bordes rellenos de queso que eran como comerle los huevos a Dios nos partimos el hojaldre viendo escenas insignes de pelis de Disney en el youtuf. A la niña le ha dado mono y quiere ver la Sirenita. Nos enfundamos el pijama y nos ponemos el ordenador en el regazo. Pero por mi parte, cuando me puse sobre su pecho calentito y me envolví en las mantas como una crisálida de gilipollas no pude menos que decirme "Hasta aquí has llegado, rey" cayendo como un bodoque en los brazos del sueño olvidándome de pedorras impacientes, señores peludos y demás inconvenientes. Quedándome con aquel domingo fetén que bien hace que valgan todos las batallas y refriegas del mundo. Santas pascuas, canallas.
lunes, 24 de octubre de 2016 | By: Canalla amateur

Ascuas

El rasgueo del Bad Habit a deshoras nos trae vientos de melancolía. Do, Re, Mi, Fuck. ¿Quién nos lo iba a decir? Ojalá. Tal vez. Seguro. Vamos. Dos jinetes bajo la tormenta dejándose la vida bajo las sábanas. Como siempre y como nunca, vivimos al margen de lo común y lo previsible. Arrastrados por los apetitos más bajos nos acostumbramos al desgaste y cuando uno está a punto de arder el otro le pide más. A fuerza de jadear sobre las ascuas se da por inaugurado el mayor incendio que se haya visto jamás.

¿Qué te pasa? ¿Qué te duele? Dímelo al oído que esta noche sólo os escucho al diablo y a ti. Ella gira el rostro poniéndome bajo el punto de mira de esos ojos cristalinos donde naufrago de buena gana. Pero no te quedes ahí. Cuéntame de qué color han sido tus amaneceres mientras estuve dando bandazos por esta perrera que los profanos llaman vida. Ella pasa sus manos por las cicatrices del rompe y rasga que compartimos allá por cuando la peseta aún era algo y sonríe. Sonríe esquinada, lobuna y peligrosa como acostumbra con un te dije que volverías grabado en las pupilas. Se deja caer sobre mi boca mientras me río como un niño bajo sus dientes en honor al mal comportamiento.

Y vamos. No me jodas. Vuelve aquí. Seamos mal ejemplo. Seamos un riff descarado del punk más decadente. El vértigo en la boca del estómago del que, subiendo las escaleras, se cree que hay un escalón más. El ascua que aún quema en la mano de quien aparta la ceniza. Seamos el vuelo merecido del Mirlo Blanco.


jueves, 6 de octubre de 2016 | By: Canalla amateur

Propina imperial y el vuelo del Cuco

Canallas y canallos aquí reunidos. La crónica de esta semana se ha retrasado por ciertos avatares de mi vida que paso a relatar no sin antes crear el ya tan acostumbrado suspense que conocéis y adoráis. Coged el cojín de los cuentos y sentaos en el cálido y perturbador regazo de Papá Canalla. Vienen curvas.

Tiempo ha que los sábados ya no son sábado sabadete para el que suscribe. Por el contrario son días de mucho sudor y ay que me muero pues he tenido a bien jugar a Cirque du Soleil con mis capacidades y aceptar dos trabajos de noche que se solapan y son consecutivos. Camarero pubetario de noche, barman gaylord de madrugada. Ése es vuestro canalla. ¿Pero a qué tanto proletariado en tu persona, canalla? Bueno, cuando aquí el preguntitas deje de interrumpir os seguiré contando. ¿Has acabado, gordo? ...Sí... Joder. El caso es que ¿cómo no va a haber paro en España si todos los trabajos los tengo yo? Pues así es. A las siete al pub. A la una a la discoteca. En el pub todo era Uy cuánto tiempo. Y hacía tiempo que no te veíamos. ¿A que sí? Pues ya estoy por aquí. ¿Sabes quién no está? La cantamañanas de mi exencargada.

 Jolgorio a manos llenas.

Total. Que me planto en la barra y al poco me mandan de seguridad a la puerta. Muy mala decisión, por cierto. Porque a mí al primer vuelo de puño que me venga a la cara le dejo pasar. Que no cobro tanto. Por suerte para la empresa no hubo mayor incidente y cuando empezó a cuajar la faena acabé en barra. De nuevo. Una señora que era más alcohol que persona se empecina demostrarme su gratitud dejando caer su lengua por mi garganta. Declino su oferta amablemente mientras lanza sonoros besos etílicos al aire intercalando murmullos de "La propina.... La.... La propina" No, gràcies. La dejo lamiendo el aire cuando veo llegar a un señor con pinta de ser como Marc Anthony después de comerse un cochinillo. Un Ron Imperial. Hostias. Buen marqués. A sus pies. Tenemos una botella de Ron Imperial que se guarda bajo dos llaves en una vitrina tachonada de oro descansando sobre una delicada sábana de terciopelo borgoña. Dice la leyenda que un día Amancio Ortega entró a la discoteca a preguntar cómo se salía y se pudo permitir un chupito. Pero aquel dandy orillero quería su cubata. Ya se iría de vacaciones otra década. Lo vierto sobre los hielos con primor. Procurando que no se derrame una sola gota sobre aquella barra de aluminio mostoso que no merece ni sustentar tan preciado néctar. Abro la botella de coca cola con un abridor de jade que tiene forma de dragón en cuyo mango reza "Usar únicamente en caso imperial" De debajo de la barra sale Carlos Gardel y le canta una habanera mientras me tiende un billete. Al cabo vuelvo con el cambio y veo que aquí Pancho Céspedes está dándolo todo en el centro de la pista. Con el pulso tembloroso dejo el cambio en un vaso a la espera de su retorno porque seré pobre pero tengo honra. Me giro y oigo "La propi.... *burp* propina" Nena, no eructes cerca de un mechero que dejamos el Madrid Arena a la altura del betún. 

El retorno de Don Imperial no se hace esperar. Se lo ha bebido como si fuera un tang de naranja. Otro. Pero señor, ¿tiene aval? Se lo podemos financiar en 24 cómodas cuotas ¡¡He dicho otro!! Monto toda la parafernalia de nuevo y se lo sirvo. Por cierto, buen señor. Le recuerdo que se ha dejado el cambio de su anterior consumición absurdamente cara. Ah, no. Eso es para ti. Y esto también. Digamos simplemente que no fueron dos veces las que vino a empotrarse su ron imperial. Pero fueron menos de cuarenta. El caso es que cuando vacié el vaso de las propinas en mi cartera era en plan:

¿Y qué vas a hacer con tanto dinero, canalla? Pues os diré que estoy escribiendo desde mi nueva casa. Efectivamente. He volado del nido. El Cuco ha desplegado las alas y ha ido a posar su plano culo en otras ramas. Ahora estoy viviendo con el Judío y su maromo suscitando rumores variados en la comunidad. La viejas se ajustan la toquilla entre suspiros y oighs, hay que ver variados y los decrépitos vecinos mastican la punta de su caliqueño comidos por la ira mientras nosotros ponemos Cher a todo trapo y colgamos un cartel en la puerta que reza "Tienes que tener esto de glamour para acceder a esta vivienda, chocho" Y es que en la Gaycueva no tendremos dinero. Pero sabemos lo que de verdad vale en esta sociedad de mugrosos. Bah. 
jueves, 29 de septiembre de 2016 | By: Canalla amateur

Gifada 807

¡NUEVO CANALLA! Bienvenido Dario Suarez


martes, 27 de septiembre de 2016 | By: Canalla amateur

¡No puedes pasar! y Al final vencimos

Canallas y canallos, aquí reunidos todos os estrecho entre mis brazos para susurraros lento y al oído cómo me convertí en miembro de los cuerpazos de seguridad y, de paso, os traigo también esperanza y aliento. Pues si continúas dándote de cabezazos con tesón contra el muro de cemento que es la vida siempre acaba por ceder. Genial, el canalla ha perdido ya el poco juicio que le quedaba. Sí, pero no viene al caso. Vamos que nos vamos.

El sábado tocaba currar mucho y muy fuerte. En mi horario pone VIP+WC. Señor encargado, mí no entender. Mí poco tiempo en Espania. "Pues que te encargas de los VIPs y cuando baje la faena te pones en el baño y no dejes que pase nadie con vasos. Y que no fumen. Ni follen. Ni se metan drogas. Ni jueguen a la peonza. Aquí tienes la llave del privado" Pero... todo lo que has prohibido mola.... En fin. Que como buen soldado que soy me limito a acatar la ordenanza y, tras derrochar simpatía en el VIP, mudo mi expresión para falcarme como los leones del congreso a las puertas del baño. Llega el jefe de seguridad que es un señor afable y simpaticón pero que, de darte una hostia, te viste de luces al más puro estilo Lluvia de Estrellas. En su mano trae lo que me hizo sentirme un miembro de pro: Un pinganillo. 

Me sale hasta otra voz. Como de Constantino Romero si le pellizcasen el escroto. OYE, ME VAS DESALOJANDO ESE BAÑO. ¡¡EEEH!! ¿QUÉ COÑO TE ACABO DE DECIR? ¿QUIERES IR A LA CÁRCEL O AL CEMENTERIO? Total. Que estaba yo muy metido en mi papel cuando aparece una señorita que decide que es muy buena idea tocarle las gónadas al señor enfadado que custodia los baños. "Uuuuuh, qué seriote estás" rubricando su chanza con un mohín disgustado. Me voy a cagar yo en Dios. Circule, señorita. "¿Te vienes a bailar, chico seguridad?" Curiosamente ese comentario me pone extrañamente juguetón. Pero no. No. Hice un juramento hace diez minutos y sigo firme. A todo esto estaba Shakira y el latino sudado ése cantando no sé qué mierdas de su bicicleta. UN BALLENATO... DESEHPERADO. Trae a sus amigas que se ponen a escasos metros y la señorita me hace caiditas de ojos o tal vez fuese el tequila que le tiraba los párpados al suelo. A MI MANERA... DESPELUCADO... "CHICO SEGURIDAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAD" 

Viendo que allí no había más cera que la que ardía se retira por la posta con su recua de zagalas y de pronto se encienden las luces. "Vicente.... <chrrr> Ve desalojando la sala de arriba <chrrripppp>" Aquí Vicente. Recibido Alfa 4, cambio. "No hagas eso <chrr>" Jo... VENGA TODO EL MUNDO A LA PUTA CALLE. 

Caigo en mi cama y lo hago como si me hubiesen dejado caer de un andamio. Cuando abro los ojos es noche cerrada. Las 3 de la mañana. Cojonudo. Pues a dibujar. Las 7 de la mañana. Pues a correr. Me enfundo mis deportivas, mi chándal ceñido que me deja el culo como a Eva Nasarre y The Clash en el reproductor. It's showtime. Aprovecho este inciso para crear un poco de intriga. Tengo un mecanismo de defensa muy útil si lo llevas a la práctica. Cuando acabo como el Rosario de la Aurora una pareja concluyo que da lo mismo. No volveré a verla en lo que me resta de vida. No es real. No existe. Se fue buscando el sol en la playa. Como Eva María. Os juro que funciona el 95% de tu tiempo. Hasta que en ese 5% la vida decide que estás muy calmadx y necesitas un poco de salsa en tu body. Pues ahí estaba yo. Triscando como una cabra por las ravichuelas de este bello barrio cuando la veo aparecer en lontananza corriendo del mismo modo con la coleta al bies y la cara colorada como un tejo. Aprieto tanto los dientes que casi me los rompo. Encógete y rueda, Balaguer. Bajo de este banco parece un buen sitio para empezar una nueva vida. Crúzate de acera. O de país. No. ¿Quién eres tú? Tu yo rencoroso. Que se cruce ella de acera. ¡Vaya! Hacía tiempo que no te oía. Córtale los tendones de Aquiles y que corra como un flamenco. Vale, voy a dejar de escucharte ya. Paso a su lado y en el último instante cruzamos miradas como dos sables chocando en un duelo de honor. Os juro que ese momento se me hizo como un año en galeras mirando esos dos ojos negros a juego con su alma preguntándome cómo pude mirarlos con deseo algún día cuando ahora, a un año vista, podría hervirlos a fuego lento en el puchero de la tía Carmen. Aún estás a tiempo de tirarle de la coleta y que caiga por el descampado. Me das miedo.

Pequeño cánido, nos vamos a la calle. Tras el consabido baile regional de la Recepción de la Correa con el que Darko siempre me obsequia acabamos en su parquecillo. Vale, nene. Ya te has refocilado bastante entre moñigos y orines. Vamos a desayunar. Siempre vamos al mismo sitio. Soy un animal de costumbres y me encanta. Armado con mi bloc, mis lápices, una goma y más hambre que un regimiento de cosacos llegados de la tundra tomo mi mesa. Café con leche, tostadas y un zumo de naranja, bonico. Presto! Comienzo a esbozar sin pensar mucho. El servilletero. La taza de café. La pizarra de desayunos. Y mi mente decide que ya está bien de costumbrismos y me pongo a dibujar una trucha japonesa con chupa de cuero. El destino, en su infinita cabronería decide que tal pedo mental debía pasarme factura y...

En efecto: Anángel (véase también Anángel Vol. II, Anángel Vol. III)En puto efecto. Batiendo sus alas y plegándolas tras su fina espalda se posa a mi lado. "Hola" Aplasto el bloc contra mi pecho para ocultar aquella estúpida trucha embutida en cuero. Ho... ¡¡HOLA!! Darko, que de tal palo tal astilla dicen, se las está viendo y deseando para empotrarle la cara contra las nalgas. Ella ríe azorada y se gira para regalarle caricias y carantoñas a cañon. Aprovechando la coyuntura cierro el bloc y voy a meterlo en la mochila cuando de repente "No sabía que dibujaras" Hay tanto que no sabes de mí, morritos de algodón. "¿Puedo curiosear?" "...............................Claro" Abre el bloc por la primera página y se empieza a partir el hojaldre que eso es un primor. ¿Qué? ¿Qué pasa? ¿Qué es? Me lo enseña y soy yo subido a un cohete vestido de astronauta huyendo de la Tierra mientras grito "A CHUPARLA A LA VENTA'L NABO"

Por suerte, conforme hojeaba el resto del bloc, vio que no sólo dibujo sandeces. Me estás poniendo nervioso. Siéntate y cásate conmigo. Al cabo deja el bloc en la mesa y lamenta no poder quedarse a desayunar. Que tiene clase. *Escaneando en busca de excusa. Potus v.2.0.1. Activando protocolo de cabreodecojones.exe* "Pero apúntate mi número y, si bajas cuando no tenga clase, avísame" dice ella.

Más pagado conmigo mismo que un gitano con unas alpargatas nuevas subo a casa. Plinc. Un whatsapp. Vaya, ¿quién será en esta bella mañana? Ey, Vicente. Soy tu exjefe. Hemos echado a la perra de la encargada por la que te fuiste. Sí, la hija de puta. ¿Te interesaría volver? Irónico, ¿no creéis? Pensando en cómo la vida, después de este septiembre que no le deseo ni a mi peor enemigo, decide que ya he tenido bastante. Como si después de pegarme una paliza de muerte se ríe "Aaaaay... qué cosas tienes, Vicente. Toma un cupón para un bigmac." y me pone algo en la boca para que no me trague la lengua. Así que vuelta al redil. Vuelta a la carga. Estamos frescos. Estamos vivos. Estamos sexys. Al final vencimos.
martes, 20 de septiembre de 2016 | By: Canalla amateur

Confetti y señor Tugurio

Muy buenas noches. Bienvenidxs una semana más a "Qué incómodo es ser yo", el programa donde hablo de mis desventuras que ya os garantizo que no acaban. Si fuese una cuestión de calidad igual hemos tenido aquí algún que otro altibajo. Pero en cantidad siempre hemos sido sobrados en este pequeño rinconcito retorcido del internete que me gusta llamar mío. Total. Que os pongáis los cascos que vienen curvas.

Vayamos al sábado, sabadete. Mientras vosotros le metíais mano bajo los leggins a aquella prima perdida del pueblo en fiestas yo estaba dale que te pego con las botellas de ginebra. ¿Que ya te has dado a la bebida, canalla? Tiempo al tiempo. El caso es que me refería a mi yo camarero yeye que tantas risas y jolgorios nos ha traído. Como si la discoteca donde trabajo no fuese ya lo suficientemente estrambótica el equipo directivo ha tenido a bien el poner un cañón de los que usaba Napoleón para sitiar Cádiz pero relleno de confetti justo en mi barra. Me lo explican a principio del servicio y yo lo encajo con esa concentración tan habitual en mí que tiende a cero. En fin. Que estoy ahí plantado con una camisa blanca que me venía pequeña como cuatro tallas por debajo, tirantes y unos pantalones que me los iba a tener que quitar con una espátula de pastelero. Se acerca una chiquilla de ojos etílicos y me coge de las manos como si se fuera a caer que tenía pinta de ser el caso. 

"Oye.... Oye" 
"Dime" 
"Oye... No te ofendas pero...................." 
"¿Qué?" 
"¿Hace falta ser gay para trabajar aquí? ¿Eres... eres gueyyyy?"

Morena, ¿estás ligando conmigo o estás tirando un currículum? Porque ya te adelanto que no me veo hoy rindiendo como varón y te falta pene para trabajar aqu.... ¡¡BANG!! El puto cañón del confetti que estalla en mi oreja y ella se pone en plan WOOOOOOOOOOO!!!

 Y yo encogido en el suelo como: 

Quiero irme a casa... 

Termina el servicio y yo sólo quiero tocar sábana. Me meto en el montacargas con los tres cubos de basura llenos de puto confetti, botellas, chapas de casco e inmundicias varias. Me enciendo un cigarro y le doy al botón. "Te espero abajo" dice mi compañero. "Venga pues" El ascensor hace un ruido que no es de ascensor que va correctamente y me deja parado. Qué manera más estúpida de morir, alcanzo a pensar. "¿Vicente?" oigo desde abajo. Sálvate tú...

A los diez minutos ahí estaba yo. Con la camisa a modo de segunda piel y un tutuki splash de bajo presupuesto bajando por mi espalda. Uno de los seguratas me da instrucciones mientras los cubos de basura estaban creando su propio microclima. "Gira la llave. Vale. Dale al botón rojo" "Huele muy fuerte a alcoholazo" "Vale, Vicente. Tranquilo. Dale al 0 ahora" "Es como vivir en la garganta de Rita Barberá" Al poco me indica que aparte todas las marranerías del suelo porque se conoce que el sensor del ascensor es una banda que cruza suelo y techo y de detectar algún obstáculo se detiene de inmediato. Y yo con la cabeza en este plan: 

Pataleando como un conejo consigo salir de forma no muy digna para arrastrarme de vuelta a mi cama de donde no debería haber salido jamás. 

No obstante, la vida del proletario no conoce de descansos y hoy tenía una entrevista por una de esas aplicaciones tan cuquis que lo están petando fuerte ahora. Me planto allí emperifollado como si hubiera pasado por las manos de Madame Lulú y cotejo la dirección porque no me podía creer que aquello fuera a lo que estaba optando. Terraza cubierta con toldo rojo que pusieron cuando Concha Velasco aún estaba buena. Expositor de tapas frías con toda la panoplia del picoteo patrio pero en mal. Camarero con boli en la pechera y uñas de enterrador. Hedor viciado que traía connotaciones de aliento mañanero, tabaco y viaje largo. "¿Vienes por la entrevista?" No sé...

Acodado en la barra me quedo pegado como Espinete en una cama de velcro y decido que lo mejor es quedarme erguido y no tocar nada. Madre de mi vida, canallas. El suelo espejaba del aceite que flotaba en el aire y se teñía de amarillo en los sitios comprometidos. Como las bragas de una señora mayor. El camarero me ofrece una cerveza no sé muy bien a qué santo. No, gracias. Si lamo un servilletero ya me pillo un pedo de no se menee. El jefe me hace llamar desde su despacho y acudo solícito dispuesto a soltar un NO como el sombrero de un picaor. La estampa que me encuentro en el susodicho despacho es a un señor pequeño, mostachudo y encabronado que luce una camisa de lino que un día fue amarilla y pantalones de pinza que tienen pinta de hacer del "de diario" más que una expresión un juramento. Me recibe ya de malas maneras diciendo que siendo estudiante qué le garantizaba a él que no iba a abandonar el barco a mitad de año. Bueno, verá. No me he matriculado este año para poder ahorrar y trabajar. Me comunica las condiciones de mala gana y paso a reseñarlas: turno partido de lunes a viernes a nueve horas diarias por 700 eurazos. 

700 euros. Vaya. No sabía que estaba hablando con Amancio Ortega. Se conoce que ahora el autobús que he cogido pasa por Bangladesh y me he pasado la parada. Pero oiga, patrón, ¿si muero me puedo pedir el día libre o puedo cambiarlo por otro turno que me pille mejor? Viendo mi reticencia y mi cara de mostaza de Dijón se impacienta. Mueve el brazo dejando entrever unos rodales ocre en la sobaca que liberan un miasma que me dejan la cara como la de una pandereta de cotillón. PERO BUENO, ¿TE INTERESA O NO? En vista de la hostilidad comienzo a engorilarme bastante y muy rápido. Pues mire, no. Pero ni a mí ni a nadie con ese sueldo. Se pasa la mano por aquella calva perlada y me dice con unos cojonazos como claveles reventones. 

No. Si ya veo que has sido jefe de sala. Vendrás crecidito de otros sitios. 


Como si el espíritu de Cándido Méndez se hubiera apoderado de mí le empiezo a soltar una turra de mil demonios y él, a contrapecho, me suelta: Da igual. Si de todas formas no das el perfil. A lo que yo repongo: Claro, como me ducho y tengo todos los dientes... 


El buen señor creyó pertinente el expulsarme de su local con la ira vibrando en su ilustre papada y yo, por mi parte, cogí mi mochila y sólo podía pensar en la tinta de impresora que había gastado para el currículum y en la camisa que había planchado con tanto primor para vérmela ahora oliendo a empanadilla de Móstoles. Me cago en mis cojones. 
lunes, 19 de septiembre de 2016 | By: Canalla amateur

Mi niño

Ven, mi niño.

Su voz suena en un susurro adormilado. Ella se había vuelto en la cama, enredándose en las sábanas, y me miraba fijamente. Dejo el cigarro en el cenicero y me acerco, sentándome en el borde del lecho, para posar una mano en su carne tibia. Mi niño, había dicho ella. No tengo dónde caerme muerto y tampoco soy un lindo elegante de los que admiran las mujeres en discotecas y saraos. Y sin embargo... Mi niño.

La luz de la luna hace de sus ojos un baile de luces y sombras y acentúa el abismo de su boca entreabierta. Y qué más da, pienso. Mi vida o mi muerte. Mi locura o mi cordura. Mi, tu, su corazón. Esta noche estoy vivo y es lo único que cuenta. Tengo ojos para verla, boca para besarla. Dientes para morderla. Ninguno de los hijos de puta que cruzaron mi existencia y la quisieron truncar habían logrado robarme este momento. Sigo respirando y, ahora, para confirmarlo, una mano suya me acaricia suave la piel deteniéndose en cada zona con paciencia. "Mi niño" repite de forma ligera. Me limito a sonreír. Más para mis adentros que de cara a la galería. Es bueno estar vivo, al menos un rato más, en un mundo donde nada se regala; donde todo se paga antes, durante o después. Pues gracias a ella puedo asegurar que algo habré pagado. Ignoro cuánto y cuándo pero seguro que lo hice si ahora la vida me reconoce este premio. Si merezco que una mujer como ella me mire del modo en que me mira.
 


sábado, 17 de septiembre de 2016 | By: Canalla amateur

Gifada 806

Cuando intento entablar una conversación guionizada de antemano en mi cabeza: